jueves, 22 de agosto de 2013

Reseña por Partida Doble: Anuraidh

Como hace un par de semanas atrás decía durante la reseña de Bunny Love, el reseñódromo va a seguir funcionando siempre y cuando los tiempos y la nafta funcionen sin problema. He aquí, señoras y señores, la reseña del otro producto que largaron al mercado este año las muchachas de Gutter Glitter: Anuraidh.



Presentado en formato de novela ligera de apenas 136 páginas, Anuraidh no solo nos invita a dar una zancada a un mundo particular que controla Lucila Quintana, sino también que da el pie perfecto para una larga, larguísima colección que se adivina detrás de estos detalles.

Hay unas cuantas cosas que notar, antes que nada; que se repite la mecánica de la adopción y casi expropiación de una mitología que nos es externa (o quizás no tanto, ahora que tenemos al alcance de un click cualquier cosa) para provecho propio. Los estereotipos en los personajes (algunos al pie de la letra, otros distorsionados de manera tal que se salen del molde), que dicen y se comportan como uno esperaría. El recuerdo de adolescer ante situaciones que ahora miramos diciéndonos a nosotros mismos "que boludos que éramos", pero que en ese momento tempestuoso de la vida de todo hombre que es, justamente, la adolescencia, era más que un drama; era un dilema existencial. Los primeros rubores, esa cuestión de niño-de-día / hombre-de-noche, la eventual ayuda y el sentido de justicia como algo supremo e irrevocable; los antagonismos, como la candidez de la inocencia contrastando con la cruda realidad de alguien que no tiene tiempo para pensar en pelotudeces. Las grandes responsabilidades, los mandatos paternos (que resultan simples sacos que nos podemos quitar de encima cuando haga calor), las ganas de pertenecer a una comunidad. Gran cantidad de guiños respecto a series de Animé de los últimos quince años, diría (otra vez con los estereotipos y los patrones de comportamiento de los personajes). La acción, que se desenrolla como un largo ovillo (iba a poner desarrolla, pero por algo salió así).

Para quienes estén ya mareados con el cúmulo de elementos con los que cuenta Anuraidh, vamos a hacer una breve, brevísima sinopsis sin spoilers, como hacemos siempre. Anuraidh (que en gaélico antiguo significa "año pasado" o "año anterior" o "último año") narra la historia de Moira Donovan, una muchacha como cualquier otra chica de 16 años que, de un día para el otro, es aceptada en Ardscoil, un instituto de educación que se dedica a formar a los que serán, en un futuro, potenciales representates de su Casa en el Parlamento de las Hadas, ese universo que existe secretamente al mundo de los hombres. Moira es, además, el único miembro de su familia aceptado en Ardscoil tras el exilio que habían sufrido hace más de doscientos años. Tampoco sabe cómo utilizar su magia, ni cómo sentirla; de hecho, ni siquiera sabe por dónde va a aparecer o qué forma tiene. Sinceramente, Moira jamás ha hecho magia en su vida, por lo menos a sabiendas, y no tiene la más remota idea de qué esperan de ella, porqué la han convocado ahora, y precisamente a ella. Tampoco tiene muchas ganas de ir a un internado (que es básicamente la escuela), lejos de su familia y amigos, para tener que forzar una relación con un medio que le resulta bastante desconocido.

Moira llegará, se enterará de los colores de las dos Cortes en las que se divide el Parlamento (Seelie y UnSeelie), conocerá pluralidad de personajes de todos los colores y hábitos, manteniendo siempre su identidad de chica simple, tranquila, brillante en los estudios e intentando siempre pasar desapercibida, no pedir demasiada ayuda e intentar desenvolverse como cree que el contexto que esa escuela espera; sola e independientemente.

Sin extendernos más para no echar a perder la novelilla, he de hacer una comparación (que como toda comparación puede resultar odiosa), necesaria para darle un contexto y una explicación al sentido que tiene esta obra como primera perla de un largo collar. Al leer esta novela no pude evitar retrotraerme a diez o más años para atrás, cuando tuve por primera vez en mi vida un ejemplar de Harry Potter y la piedra filosofal en las manos. Es inevitable el vínculo porque, primero que nada, el mago de la cicatriz es, lo querramos o no, un símbolo de la literatura fantástica contemporánea; y estando Anuraidh situada en un marco muy similar (mundo mágico, chica que no pertenece a él y de la que se esperan grandes cosas, desenvolverse solo y hacer nuevos amigos, dilemas adolescentes, etc.) es casi imposible que no la relacione.

De todas maneras esto no es una crítica; es, más que una comparación, una analogía. No me cabe la menor duda de que además del mago boludo de la cicatriz deben haber existido y deben existir miles de estos dramas estudiantiles escritos a lo largo del mundo, del cual los japoneses han de ser la perla del mercado. Francamente desconozco esto para poder hacer una analogía justa. De todas maneras, el drama adolescente siempre va a existir, de la misma manera que existe literatura que tratan dilemas o temas tan esenciales para un ser humano como es el nacimiento, la muerte, el romance, la violencia, el odio o cualquier otra cosa que se repita a lo largo de la historia de la humanidad. Después de todo, éste es el punto de partida de nosotros, autores; ver de qué vamos a hablar. Nuestra firma y nuestro talento está en cómo hacerlo.

Existe un guiño en toda esta obra. Uno se percata de ciertos detalles que solamente puede haber obtenido, en cuanto a narrativa respecta, un escritor que haya convivido el suficiente tiempo con su obra; esto es, cuando uno compone su propio universo, tiene que estar seguro de cada uno de sus detalles y las leyes que lo rigen (después de todo, el autor es el creador de todo esto). Cuando Lu nos habla de las casas de las hadas no nos da detalle sobre esto, cosa que daría lugar a una explicación en el caso de un Tolkien o un C.S. Lewis (inclusive una Le Guin basaría una mínima explicación, más o menos escueta dependiendo el caso). Lu nos habla como quien conoce el tema y se refiere a nosotros, lectores, como si también conociéramos el tema; no nos explica quienes son ni qué hacen, ni tampoco porqué se comportan como lo hacen. Si bien algunos detalles no escapan a la cultura general (que un Licántropo duerma abajo de la cama, por ejemplo), si hay otros que condimentan muy bien la historia y da un lugar excelente a la explicación. Estos detalles, que pueden resultar pequeños y de poca importancia a simple vista, son de envergadura cabal en una obra de este calibre; más que nada porque el lector desprevenido la puede despojar de su carácter fantástico. Un ejemplo sencillo y quizás tonto son las especificaciones del tamaño de uno de los personajes, que resulta ser una Pixie. Cuando Lu nos dice que esta Pixie "se sentó sobre la cabeza de Moira, como era usual" uno tiene que deducir automáticamente que se trata de alguien de un tamaño pequeño, un detalle con el cual juega todo el tiempo. Hay cosas en cuanto a descripción física concierne que no están mal; los focos de atención se dirigen hacia los personajes de más a menos protagonismo, en ese orden, y uno puede intuír o adivinar quién va a decir qué o cómo va a reaccionar tal personaje a tal acción. Este juego es espectacular y se da en la novelilla con un ritmo cada vez más acelerado, marcando el tempo que tiene Lu en la narrativa; si no entendés que carajo son los Phoukas, no me voy a detener a explicarte; deducilo o investigalo. Vivimos en la época de google, después de todo. Darle trabajo al lector es, además, una cosa que -a mi manera de verlo- todo autor debería hacer.

Francamente no tengo mucho más que agregar. Se adivinan referencias a otras obras (el cuento incluido en Bunny Love, por ejemplo, y quizás una precuela a esta obra de novelas ligeras), permite una empatía general en un mundo dividido en dos polos (lo cual debe ser manejado con cuidado para no caer en una escena de Grease, por ejemplo) y nos muestra que esta gente, además de Hadas, son ante todo seres humanos en plena adolescencia que se manejan a veces de manera supernatural y, otras, de las maneras que todo adolescente lo haría en esta clase de situaciones.

También está el detalle de los argentinismos en ciertas expresiones que una persona criada en un contexto tal no tendría (ya desde el narrador de omnisciencia selectiva que se nos presenta, hasta diálogos de los personajes). Esto conlleva a la teoría del Spaghetti Western: hacer una película de cowboys no necesariamente va a ser estadounidense, depende de cómo hablen, se muevan y se resfríen los personajes, así de cómo está narrada. También se repite este mismo modelo en obras de historieta, por ejemplo con el Sargento Kirk que era más argentino que el porteño más avezado. No está para nada mal y reconforta un poco saber que una autora local no tiene su cabeza, cuerpo y corazón en la irlanda medieval, sino que se ha apropiado, ha arrastrado al folkore gaélico a un nivel argentino, donde podemos hablar de un mapa que resembla algo real, pero no lo es. Justamente es la maravilla de la ficción, como de la magia de los ilusionistas; parece real que alguien corte en dos a alguien con un serrucho, pero no deja de ser una ilusión. El tema es que Lu Quintana, como los buenos magos, no nos devela su secreto. Sino se acabaría toda la magia.

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